La maloclusión de Clase II es una de las alteraciones dentofaciales más comunes. Se caracteriza por una relación anteroposterior en la que la arcada inferior queda por detrás de la superior: en la mayoría de los casos porque la mandíbula está retrasada o es pequeña y, con menos frecuencia, porque el maxilar superior está adelantado. Hay dos tipos: división 1, con los incisivos superiores inclinados hacia delante, y división 2, con los centrales superiores inclinados hacia atrás y, a menudo, mordida profunda.
Este desfase genera problemas estéticos y funcionales.
Causas frecuentes de este tipo de desalineación dental
Factores hereditarios y crecimiento maxilofacial desproporcionado
Tiene un componente hereditario claro: es frecuente que se repita en la familia, y los padres con perfiles faciales convexos o mandíbula pequeña (micrognatia) suelen transmitir la tendencia a sus hijos.
Más allá de la genética, el ritmo de crecimiento de cada hueso influye. Cuando el maxilar superior crece más rápido durante la pubertad, se proyecta hacia delante. Si la mandíbula no acompaña este avance, la discrepancia se hace evidente. El ortodoncista estudia estas variaciones con radiografías cefalométricas y registros fotográficos seriales para predecir la evolución y definir el momento terapéutico idóneo.
Hábitos orales perjudiciales en la infancia
La succión digital y el uso prolongado del biberón modifican la tonicidad de los músculos periorales, favoreciendo un empuje constante sobre los incisivos superiores y retrayendo la arcada inferior.
La deglución atípica y la respiración bucal crónica, muchas veces derivadas de problemas de amígdalas o adenoides, también influyen. La lengua adopta una posición baja para facilitar la entrada de aire, lo que disminuye el estímulo de crecimiento transversal y anteroposterior de la mandíbula. Una intervención interdisciplinaria—otorrinolaringólogo, logopeda y ortodoncista—suele ser la clave para eliminar el hábito y recuperar patrones de crecimiento normales.
Problemas derivados de una maloclusión de Clase II
Riesgo de traumatismos dentales y alteraciones del habla
Los incisivos superiores adelantados sobresalen más allá del labio, convirtiéndose en el primer punto de contacto ante caídas o golpes. Por eso, los niños con un resalte aumentado (distancia horizontal entre incisivos) tienen más riesgo de fracturárselos. La exposición dental constante también facilita erosiones y desgastes.
En cuanto al habla, una relación maxilodental alterada compromete la correcta posición de la lengua en fonemas como /s/, /t/ y /d/. Se generan ceceos o interposiciones linguales que, de no corregirse, pueden persistir en la adultez. El trabajo coordinado con un logopeda después o durante el tratamiento ortodóntico mejora tanto la pronunciación como la coordinación oro-facial.
Disfunción masticatoria y dolor en la mandíbula
La maloclusión Clase II puede asociarse a sobrecarga muscular y a molestias en la articulación temporomandibular (ATM), aunque no todas las clases II las provocan.
Opciones de tratamiento ortodóntico y quirúrgico
El plan terapéutico depende de la edad, la severidad y la etiología. En pacientes en crecimiento, la ortodoncia interceptiva busca redirigir el desarrollo mandibular. Una vez finalizado el crecimiento, la corrección se enfoca en el posicionamiento dentario o, en casos severos, requiere cirugía ortognática. Tratar pronto puede reducir el riesgo de traumatismos en niños con los incisivos muy adelantados. En la mayoría de los casos, sin embargo, el resultado final es parecido si se trata en la adolescencia, así que el momento lo decide el ortodoncista.
Los tratamientos incluyen aparatos funcionales, brackets convencionales o autoligables, alineadores transparentes y microtornillos de anclaje temporal. En adultos, cuando la discrepancia esquelética es importante o existe rotación en plano vertical (sonrisa gingival o sobremordida), la cirugía combinada con ortodoncia pre y postquirúrgica ofrece resultados estéticos y funcionales estables.
Uso de aparatología funcional en niños y adolescentes
Los dispositivos funcionales, como el activador, el twin-block o el Herbst, aprovechan el potencial de crecimiento mandibular para desplazar la mandíbula hacia adelante. Se utilizan entre los 8 y 14 años, durante el pico puberal.
El éxito depende de la colaboración del paciente y de ajustes periódicos. Los aparatos fijos, como el Herbst, favorecen la constancia al estar cementados; sin embargo, pueden provocar molestias articulares temporales. Para maximizar la estabilidad, los ortodoncistas combinan la fase funcional con una segunda fase de aparatología fija que alinea los dientes y mejora la oclusión final.
Cirugía ortognática en adultos en casos severos
Cuando la discrepancia esquelética es importante y el crecimiento ha concluido, la cirugía ortognática es la alternativa de elección. El procedimiento más habitual es la combinación de avance mandibular bilateral (BSSO) y, en ocasiones, retroceso maxilar. La planificación virtual en 3D permite simular el resultado final y personalizar férulas quirúrgicas con impresión 3D para mayor precisión.
Tras la cirugía, se completa una fase de ortodoncia de acabado durante 4-6 meses para perfeccionar los contactos oclusales. La mayoría de los pacientes refiere mejoras en la función y en el perfil facial. La rehabilitación incluye fisioterapia y pautas de dieta blanda progresiva para preservar la estabilidad de los segmentos óseos.